Desde siempre me ha gustado la época estival por muchos motivos (por la comida que se suele disfrutar en verano, por los helados y por los caprichos que nos damos de vez en cuando).
Reconozco que comía lo que me apetecía en ese mismo momento, no me importaba picar entre horas cosas pocas saludables. Es más, sentía la necesidad de atiborrarme a helados, horchatas, chucherías para poder calmar mi ansiedad.
Sí, he sido durante mucho tiempo una fanática de las chucherías en la época de verano. He de decir que las golosinas, al igual que la pasta como ya comenté en el post anterior, me proporcionaban un alivio que me acompañaba durante un instante en las largas tardes de sol cerca de la orilla.
Siempre he tenido ansiedad por lo dulce, sobre todo a media tarde. Es algo que estoy intentando controlar. Que estemos cuidándonos no significa que no podamos disfrutar de un helado o un granizado ¡eso sí: light/bajo en calorías)!
Estos días me he dado algunos caprichos ya que me he relajado sobremanera. No me siento culpable ya que de todo se aprende y si me sintiera culpable, me estaría haciendo un flaco favor a mí misma y toda esa motivación y ganas que tengo de seguir ¡desaparecerían! Simplemente intento aprender de todo cuanto me rodea y seguir animándome a mí misma porque yo ¡no me rindo! No se trata de pasarse un verano "amargado" y triste a base de lechuga y pan integral y no probar ni un helado. Se trata de hacerlo de una forma más sana y no a "deshoras". Y yo ¡sé que puedo hacerlo!



